jueves 19 de enero de 2012
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“Caminar es un peligro y respirar es una hazaña en las grandes ciudades del mundo al revés. Quien no
está preso de la necesidad, está preso del miedo: unos no duermen por la ansiedad de tener las cosas que
no tienen, y otros no duermen por el pánico de perder las cosas que tienen. El mundo al revés nos entrena
para ver al prójimo como una amenaza y no como una promesa, nos reduce a la soledad y nos consuela con
drogas químicas y con amigos cibernéticos. Estamos condenados a morirnos de hambre, a morirnos de
miedo o a morirnos de aburrimiento, si es que alguna bala perdida no nos abrevia la existencia.
¿Será esta libertad, la libertad de elegir entre esas desdichas amenazadas, nuestra única libertad
posible? El mundo al revés nos enseña a padecer la realidad en lugar de cambiarla, a olvidar el pasado en
lugar de escucharlo y a aceptar el futuro en lugar de imaginarlo: así practica el crimen, y así lo recomienda.
En su escuela, escuela del crimen son obligatorias las clases de impotencia, amnesia y resignación. Pero
está visto que no hay desgracia sin gracia, ni cara que no tenga su contracara, ni desaliento que no busque
su aliento. Ni tampoco hay escuela que no encuentre su contraescuela.”
Eduardo Galeano.
Ese hombre o mujer, está embarazado de mucha gente. La gente se le sale por los poros. Así lo muestran en figuras de barro, los indios de Nuevo México: el narrador, el que cuenta la memoria colectiva, está todo brotado de personitas.
Eduardo Galeano. El libro de los abrazos.
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