jueves, 13 de febrero de 2014

Arroa, arroa.

Tengo al niño dormido
en las faldas de la noche,
con la tez apacible,
el pensamiento inocente,
el gesto distendido.
Tengo atrapada a la noche
en el alma del arrullo,
en el latir del canto,
en el tarareo  de una nana
donde duerme mi niño
de la noche a la mañana.


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