Como voy entrando en tu cuerpo voy dejando de escuchar en otros mis propias naderías. No pesan tanto las telenovelas como el amor que siento al contacto con tu piel.
Cierro los oídos a las voces oscuras del deseo mundano. Mis labios, a los oídos obtusos del que ni entra ni sale. A los que viven guardando en la cueva los secretos del espíritu. Y mueren viejos.
Cierro mis manos cuando palpo y amarro la parte más hermosa de mi vida. Donde pierdo el sentido y me desvanezco. Donde vuela tan lejos mi pensamiento que siento liberada el alma. .
A veces soy tan yo misma que no deseo regresar y tengo que construir de nuevo un camino hacia mi cuarto para dar testimonio de que también existe tu voz en mi palabra.
Hacía un frío de mil demonios. Me había citado a las siete y cuarto en la esquina del Venusitano Carranza y San Juan de Letrán. No soy de esos hombres absurdos que adoran el reloj reverenciándolo como una deidad inalterable. Comprendo que el tiempo es elástico y cuando le dicen a uno a las siete y cuarto, lo mismo da sean las siete y media. Tengo un criterio amplio para todas las cosas, siempre he sido un hombre tolerante: un liberal de la vieja escuela. Pero hay cosas que no se pueden aguantar por muy liberal que uno sea. Que yo sea puntual a las citas no obliga a los demás sino hasta cierto punto; pero ustedes reconocerán conmigo que éste punto existe. Ya dije que hacía un frío espantoso. Y aquella condenada esquina estaba abierta a los cuatro vientos. Las siete y media, las ocho menos veinte, las ocho menos diez, las ocho. Es natural que ustedes se pregunten porqué no le dejé plantado. La cosa es muy sencilla: yo soy un hombre respetuoso de mi palabra, un poco chapado a la antigua, si ustedes quieren, pero cuando digo una cosa, la cumplo. Héctor me había citado a las siete y cuarto y no me cabe en la cabeza faltar a una cita. Las ocho y cuarto, las ocho y veinte, las ocho y veinticinco, las ocho y media; y Héctor sin venir. Yo estaba positivamente helado: me dolían los pies, me dolían las manos, me dolía el pecho, me dolía el pelo. La verdad es que si hubiese llevado mi abrigo café, lo más probable es que no hubiera sucedido nada. Pero ésas son las cosas del destino y les aseguro que a las tres de la tarde, hora en la que salí de casa, nadie podía suponer que se levantaría aquel viento. Las nueve menos veinticinco, las nueve menos veinte, las nueve menos cuarto. Tránsido, amoratado. Legó a las nueve menos diez: tranquilo, sonriente y satisfecho. Con su grueso abrigo gris y sus guantes forrados: - ¡Hola, amigo! Así, sin más. No lo pude remediar: le empujé bajo el tren que pasaba.
Los peces plateados del otro lado del Atlántico se han mostrado como hologramas sobre mis párpados, para colarse como propios por los oídos. Los peces almibarados del casi olvido me han cimbreado, para seguir despertando lo que estuvo dormido. Abrir los ojos a los minutos de ciento veinte segundos para multiplicarlos aun más y embeberlos enjutos. Los peces del otro lado, del lado del otro, en el que yo he vivido me han empujado a desatar los lazos, a comprometerme. a evaporizar lo que se ve para dar paso a lo que se siente.
Entre Andares es un proyecto en movimiento. Nacido porque se nace, porque se vive y porque se plasma lo sentido en palabras, en sonidos y en imágenes. Andares no es un grupo definido, no compartimos los mismos caminos, aunque sí la misma tierra. Somos el resultado del encuentro en las intersecciones, entre nosotros y con nosotros mismos.
CARLOS SAHAGÚN Profecías del agua.
EN EL PRINCIPIO
En el principio, el agua
abrió todas las puertas, echó las campanas al vuelo,
subió a las torres de la paz -eran tiempos de paz-,
bajó a los hombros de mi profesor
-aquellos hombros suyos tan metafísicos,
tan doctrinales, tan
florecidos de libros de Aristóteles-,
bajó a sus hombros, no os engaño,
y saltó por su pecho como un pájaro vivo.
Ah, no te olvido,
a ojos cerrados te recuerdo tapiando las ventanas,
sobre el papel en blanco de la vida
dejando caer tinteros y palabras de piedra.
Y era lo mismo: yo seguía puro;
los últimos de clase, los expulsados por llevar ternura en los bolsillos,
seguíamos puros como el viento.
Antes de Thales de Mileto,
mucho antes aún de que los filósofos fueran canonizados,
cuando el diluvio universal,
el llanto universal,
y un cielo todavía universal,
el agua contraía matrimonio con el agua,
y los hijos del agua eran pájaros, flores, peces, árboles,
eran caminos, piedras, montañas, humo, estrellas.
Los hombres se abrazaban, uno a uno,
como corderos, las mujeres
dormían sin temor, los niños todos
se proclamaban hijos de la alegría, hermanos
de la yerba verde,
los animales se dejaban
llevar, no estaban solos -nadie estaba solo-,
y era feliz el aire aun sin ponerse en movimiento,
y en el espejo de unas manos llenas de agua
iba a mirarse la esperanza, y estaba limpia, y sonreía.
(Aquí quisiera hablar, abrir un libro -aquí,
en este instante sólo-
de aquel poeta puro que sin cesar cantaba:
"El mundo está bien hecho, el mundo está
bien hecho, el mundo
está bien hecho ... " -aquí, en este instante sólo-.)
¡Y cómo no iba a estar bien hecho,
si en aquel tiempo las palomas altas
se derretían como copos,
si era inocente amarse desesperadamente,
si las mañanas claras, recién lavadas, daban
su generoso corazón al hombre!
Aquello era la vida,
era la vida y empujaba,
pero,
cuando entraron los lobos, después, despacio, devorando,
el agua se hizo amiga de la sangre,
y en cascadas de sangre cayó, como una herida,
cayó sobre los hombres
desde el pecho de Dios, azul, eterno.
Como tu... León Felipe.
Así es mi vida, piedra, como tú. Como tú, piedra pequeña; como tú, piedra ligera; como tú, canto que ruedas por las calzadas y por las veredas; como tú, guijarro humilde de las carreteras; como tú, que en días de tormenta te hundes en el cieno de la tierra y luego centelleas bajo los cascos y bajo las ruedas; como tú, que no has servido para ser ni piedra de una lonja, ni piedra de una audiencia, ni piedra de un palacio, ni piedra de una iglesia; como tú, piedra aventurera; como tú, que tal vez estás hecha sólo para una honda, piedra pequeña y ligera...
Si la naturaleza es la respuesta, ¿cuál era la pregunta?
La naturaleza es un poema que yace oculto bajo una forma secreta y maravillosa (J.M.Nieremberg)
Simply Beautiful
Pasión.
Versos del caminante, León Felipe.
I Deshaced ese verso. Quitadle los caireles de la rima, el metro, la cadencia y hasta la idea misma. Aventad las palabras, y si después queda algo todavía, eso será la poesía.
II Poesía, tristeza honda y ambición del alma, cuándo te darás a todos... a todos, al príncipe y al paria, a todos... sin ritmo y sin palabras!
III Sistema, poeta, sistema. Empieza por contar las piedras, luego contarás las estrellas.
IV Ni de tu corazón, ni de tu pensamiento, ni del horno divino de Vulcano han salido tus alas. Entre todos los hombres las labraron y entre todos los hombres en los huesos de tus costillas las hincaron. La mano más humilde te ha clavado un ensueño... una pluma de amor en el costado.
V No andes errante... y busca tu camino. -Dejadme-. Ya vendrá un viento fuerte que me lleve a mi sitio.
La Escuela del mundo al revés. Educando con el ejemplo, los modelos del éxito.
“Caminar es un peligro y respirar es una hazaña en las grandes ciudades del mundo al revés. Quien no
está preso de la necesidad, está preso del miedo: unos no duermen por la ansiedad de tener las cosas que
no tienen, y otros no duermen por el pánico de perder las cosas que tienen. El mundo al revés nos entrena
para ver al prójimo como una amenaza y no como una promesa, nos reduce a la soledad y nos consuela con
drogas químicas y con amigos cibernéticos. Estamos condenados a morirnos de hambre, a morirnos de
miedo o a morirnos de aburrimiento, si es que alguna bala perdida no nos abrevia la existencia.
¿Será esta libertad, la libertad de elegir entre esas desdichas amenazadas, nuestra única libertad
posible? El mundo al revés nos enseña a padecer la realidad en lugar de cambiarla, a olvidar el pasado en
lugar de escucharlo y a aceptar el futuro en lugar de imaginarlo: así practica el crimen, y así lo recomienda.
En su escuela, escuela del crimen son obligatorias las clases de impotencia, amnesia y resignación. Pero
está visto que no hay desgracia sin gracia, ni cara que no tenga su contracara, ni desaliento que no busque
su aliento. Ni tampoco hay escuela que no encuentre su contraescuela.”
Eduardo Galeano.
Frágil
" Para un ser humano, cualquier semejante deberia llevar en la frente la advertencia “Muy fragil, manéjese con cuidado”. Si no fuese así, si nos supiésemos todos invulnerables y duraderos sin falla como los dioses ¿quién se preocuparía de cómo tratar a los demás? " F.Sabater
La pasión de decir /2
Ese hombre o mujer, está embarazado de mucha gente. La gente se le sale por los poros. Así lo muestran en figuras de barro, los indios de Nuevo México: el narrador, el que cuenta la memoria colectiva, está todo brotado de personitas.